INTERES GENERAL

“Si es necesario, voy a hablar con la propia Gobernadora Vidal

Así lo manifestó Eva Margiotta, al referirse al asesinato de su hijo Federico Nicolás, al cumplirse hoy 14 años de la aparición del cuerpo sin vida del niño a la vera de la Ruta N° 85. La causa se encuentra en Casación, ya que la familia apeló el fallo, que dejó libre a los únicos  imputados. 

Un 27 de agosto, pero del año 2002, la  familia Margiotta recibía la peor noticia, la aparición del cuerpo sin vida de uno de los integrantes de la misma, de Federico Nicolás, luego de que el mismo estaba siendo intensamente buscado desde hace una semana atrás, ya que había desaparecido de su hogar. Lo más lamentable de todo es que el cuerpo del menor presentaba signos de violencia y maltrato, lo que a las claras en primeras instancias decantó en un asesinato como pocos de los que han tenido lugar en una comunidad tan tranquila como la de Coronel Pringles y que iba a marcar un antes y un después en la vida de muchos ciudadanos, pero sobre todo en la de los integrantes de la familia Margiotta. Es así que con un juicio de por medio, han pasado unos 14 años de aquél lamentable episodio y la familia de Federico aún hoy sigue buscando y esperando respuesta por parte de la justicia para saber quiénes fueron los verdaderos autores materiales del asesinato del menor. Es así que El Diario se acercó hasta la vivienda de los padres de Federico y dialogó con Eva Molina de Margiotta para saber en qué estado se encuentra la causa y en la oportunidad indicó que: “Nosotros estuvimos hablando hace 15 días con el Dr. Bertoncello y nos dijo que estaban pidiendo parte de la causa que no se ha pedido porque hay escuchas telefónicas y testigos que no han ido a declarar y son varios, por eso mismo estaban pidiendo eso y hasta ahora no hemos tenido más noticias, sabemos que la causa se encuentra en Casación esperando una respuesta a la apelación”, declaró la madre de Federico.

Pero también El Diario le preguntó  a Eva, qué es lo que piensa, ya que han pasado 14 años y el asesinato de su hijo aún continúa impune, a lo que respondió: “Yo a la fe nunca la perdí y a la esperanza tampoco, porque creo en Dios y siempre espero una justicia por parte del hombre, pero sé muy bien que la justicia de Dios tarde o temprano también va a llegar. Nunca pensé que la justicia  podría tardar tanto tiempo en resolver el asesinato de mi hijo, pensé que iban a actuar más rápido, pero evidentemente tienen sus tiempos y hay que esperar, pero aunque pasen los años, para mí hace de cuenta que a mi hijo me lo mataron ayer. Igualmente yo no voy a bajar los brazos y voy a revolver cielo y tierra hasta que se sepa la verdad”, sentenció.

Por otra parte  y ante la supuesta información extraoficial de que la Gobernadora de la provincia de Buenos Aires María Eugenia Vidal podría llegar a venís a Coronel Pringles para el 24 de septiembre, fecha en la que se celebra el aniversario de la ciudad, Eva mencionó que tiene intenciones de acercarse y tratar de dialogar aunque sea 5 minutos con ella o solicitarle una audiencia para que escuche su caso y que la pueda ayudar a encontrar a los verdaderos autores del crimen de su hijo. “Si viene la gobernadora Vidal como se dice que puede llegar a venir para el aniversario de Pringles el 24 de septiembre, yo quiero hablar con ella, porque si es necesario voy a hablar con la propia Gobernadora Vidal para que me ayude a esclarecer el asesinato de mi hijo o para ver si puede agilizar los trámites ante la justicia porque yo hace 14 años que estoy a la espera de una respuesta y no hay novedades de nada y si tenemos una luz de esperanza a través de la gobernadora y tenemos esa posibilidad, la vamos a aprovechar”, aseveró. 

Para finalizar, le consultamos a esta madre del dolor cómo vive estos fatídicos días, en los que desapareció su hijo y donde más tarde apareció su cuerpo sin vida, a lo que emocionado expresó: “El mes de agosto para mi es crítico, si hubo felicidad en mi vida porque nacieron mis hijos y mis nietas, también hay mucha tristeza por lo que le pasó a Federico y trato de sobrellevarla como puedo, pero en esta época del año esa tristeza se acentúa más, pero por suerte Dios me ayuda y me da fuerzas para seguir adelante. Sólo aquél que ha perdido a una madre o a un ser querido muy cercano, sabe por lo que uno pasa en este tipo de casos y más cuando se trata de un hijo al que te lo mataron”, concluyó Eva Molina de Margiotta.    

 

El caso que estremeció a toda la comunidad de Coronel Pringles

 

 

La odisea en la vida de Federico empezó el domingo 18 de agosto de 2002. A  las 9.00 de la mañana, salió de su casa y nunca más volvió.  Tenía 13 años. Al caer la tarde de ese día, sus padres fueron a la comisaría a hacer la denuncia porque el niño no había regresado, pero no se las tomaron porque debían transcurrir 48 horas desde la desaparición.

La familia comenzó a buscarlo por los lugares que solía frecuentar. Pero nadie lo había visto. Comenzaron a circular fotos en diarios y comercios alertando sobre su desaparición.

En principio suponían que se trataba de una travesura, propia de un chico “andariego”. Pero, los días transcurrían y las novedades no llegaban. Hasta que nueve días después, el 27 de agosto, en una tarde fría, lluviosa y de mucha neblina, un llamado anónimo alertó en la comisaría sobre la presencia de “algo raro” al costado de la Ruta 85, sobre la banquina. Eran casi las 20.00 y la policía, los bomberos, varios peritos y curiosos llegaron rápidamente al lugar.

Allí se encontraron con el horror. De cúbito dorsal, con el torso descubierto, un buzo plegado detrás de la cabeza, calzado con zapatillas y cubierto con una lona o bolsa negra estaba el cuerpo de Federico, a un metro de la banquina. La cabeza estaba hacia el lado de la banquina, en dirección Norte. El cuerpo tenía rastros de pintura azul, semillas y signos de violencia. Sobre el césped no había huellas de vehículos. Más tarde, en el juicio, las conclusiones de la fiscal decían que quienes dejaron el cuerpo allí no bajaron del asfalto, justamente para no dejar marcas del rodado en la tierra mojada por la lluvia.

Lo que estaba claro es que el cuerpo no apareció solo allí. Alguien lo trasladó y lo dejó. Pero hasta la fecha, no se pudo esclarecer eso. A la justicia le faltaron pruebas para tener certezas.

Peritos planimetritos trabajaron en el lugar, vino también la fiscal Claudia Lorenzo de Bahía Blanca y, más tarde, el cuerpo fue llevado a esa ciudad para practicarle una autopsia. En el juicio algunos cuestionaron el motivo por el cual esa prueba de autopsia no se hizo en Pringles.

En las conclusiones de su examen, el perito médico desnudó una muerte violenta: dijo que Federico murió de asfixia por sumersión y que antes de haber sido asesinado sufrió un golpe que hizo un efecto anestésico. También agregó que tenía entre dos o tres lesiones en el rostro que habían sido cometidas en vida. Además presentaba escoriaciones, producto del arrastre del cuerpo muerto. En la región anal había líquido ajeno a la cavidad rectal con características de semen y una lesión producto de la introducción de un elemento que podía ser un pene. Esa lesión fue hecha en vida. El cuerpo revelaba una muerte de varios días –cuatro o más– y le llamó la atención al médico forense que había una diferencia natural en los mecanismos de putrefacción: las larvas no eran las mismas en un lado y otro del cuerpo. Eso reveló que el cuerpo había estado cubierto varios días, y lo habrían cambiado de posición, estando gran parte del tiempo de costado sobre un hombro o un lateral.

Durante el juicio, la fiscal Erro, que se hizo cargo de la causa más tarde,  se empeñó en asegurar que la presión social, producto de la búsqueda incesante por parte de la comunidad, fue lo que hizo que los autores dejaran el cuerpo a las afueras de Pringles. El factor climático era el ideal: llovía, había poco tránsito y el otro acceso a Pringles estaba cortado a raíz de un accidente que había tenido lugar allí. Además –insistieron los referentes del Ministerio Público–, el cuerpo ya empezaba a descomponerse y cada vez se tornaba más difícil ocultarlo.

Hubo un testigo que aseguró ver una camioneta blanca o clarita haciendo una extraña maniobra en la ruta, a la misma altura donde apareció el cuerpo. Dijo que la camioneta circulaba por la Ruta 85, giró en U sobre el asfalto y se detuvo por unos segundos en el lugar. Felipe Flores era el testigo que regresaba de pescar y pese a que le llamó la atención la maniobra, no le dio mayor importancia, hasta que escuchó en la radio que allí había aparecido el cuerpo de Federico, ese mismo día.

Según la sentencia de los jueces que llevaron adelante el juicio oral y público, Federico antes de ser asesinado “fue sodomizado”. También dijeron que la muerte se produjo en Pringles.  De esta manera  Federico Margiotta fue asesinado entre el 18 y el 27 de agosto de 2002.  

 

 

El proceso de la causa

 

En primer término en la causa intervino la fiscal Claudia Lorenzo, pero por falencias en la investigación, el caso pasó a la órbita del fiscal Cristian Long a fines de 2004. Éste en 2005, consiguió que un juez de garantías avale la prisión preventiva de los imputados, fundada en la declaración que presentaron en fiscalía tres testigos que supuestamente presenciaron el asesinato.

Así se llegó a la instancia de juicio oral en 2007, donde en la parte acusatoria además del fiscal Long intervino la fiscal Erro. Luego de casi un mes de debate, en un escandaloso juicio que puso en evidencia el abuso infantil en esta ciudad, ya que más de cien testigos declararon dando cuenta de una situación que era negada o desconocida por la comunidad, no hubo sentencia condenatoria por falencias en la investigación que fueron advertidas por los jueces. El único saldo que dejó ese juicio donde los testigos se caracterizaron por ser amnésicos y por cambiar las declaraciones radicalmente, fueron varias causas por falso testimonio, una por falsa denuncia –ya que una de las testigos dijo ante el Juzgado de Paz local que fue presionada para declarar en contra de los imputados- y un manto de olvido para una comunidad que convive con asesinos y abusadores.

Luego de la sentencia, la causa fue derivada al tribunal superior bonaerense –Casación- ya que fue apelada por la fiscalía, y también por la defensa de la familia Margiotta, que en ese momento estaba representada por los abogados Bertoncello, padre e hijo. Hoy aún la familia continúa a la espera de una respuesta a la apelación, tras 14 años de haber ocurrido este aberrante hecho que los marcó de por vida.