POLITICA Y ECONOMIA

Economía feminista

De acuerdo a la economía feminista las crisis económicas y financieras evidencian la necesidad de un análisis económico que tome en cuenta las desigualdades de género y modifique algunos supuestos básicos de la economía tradicional.

 

La segunda mitad del capital humano sigue siendo una minoría de acuerdo al informe sobre ciencia de la UNESCOI. A medida que los países se enfrentan a la necesidad de establecer una reserva de científicos o investigadores que sean proporcionales a sus ambiciones de desarrollo, sus actitudes ante las cuestiones de género están cambiando.

Cuando se trata de la participación de las mujeres en la investigación en general, en todo el mundo, se observa como un oleoducto con fugas. Las mujeres buscan activamente títulos de licenciatura y maestría e incluso superan a los hombres a estos niveles, ya que representan el 53% de los graduados, pero su número cae abruptamente a nivel de doctorado y la discrepancia se amplía a nivel de investigador, con hombres que representan el 72% del total. La alta proporción de mujeres en la educación terciaria no se traduce necesariamente en una mayor presencia en la investigación.

La ciencia económica tampoco ha sido muy pareja para las mujeres, ya que tradicionalmente ha estado dominada por hombres. Manuel Fernández LópezII señala que la economía, hasta 1945, fue una ciencia predominantemente inglesa, con un carácter que bajo la tradición shakespeariana de un claro maltrato hacia mujeres de todo rango y condición.

El pensamiento marxista es como teoría el primero que reconoce el carácter económico de la producción doméstica como generación de valores de uso, y asumiendo que la lucha de las mujeres constituía también una lucha de clasesIII.

No obstante aunque la incorporación de la mujer a la ciencia económica a principios del siglo XIX era débil, fue significativa y a partir del siglo XX cada vez más mujeres participan en el mundo de la ciencia económica, tanto como docentes,  escritoras, críticas o analíticas, pero  apenas son visibles en los textos sobre economía. Hasta bien entrado el siglo XIX y en el siglo XX, sólo algunas pensadoras como Rosa Luxemburgo y Joan Robinson, son mencionadas por autores prestigiosos en escritos económicos.

Una discriminación que se ha transformado en "olvidos" en los premios como el Nobel, con sólo una mujer premiada y en los 8 premios más que se otorgan a economistas distinguidos, con  sólo 2 de ellos mostrando economistas mujeres en sus listas,  y uno es exclusivo para mujeresIV.

Paralelamente a esto se ha planteado la introducción del género en la enseñanza de la economía. Se pueden rápidamente diferenciar tres grandes posibilidades. La economía ortodoxa que se ha preocupado por las diferencias existentes entre mujeres y hombres, lo hace a través de los métodos generales con algunos supuestos básicos que se critican y que pueden perpetuar las desigualdades. Una segunda posibilidad es lo que se llama economía del género que ataca las desigualdades entre mujeres y hombres pero sin cambio de conceptos, herramientas de análisis, ni métodos. Y la última posibilidad es la que se denomina Economía Feminista, crítica que, al ir introduciendo el género en la economía, va cambiando los conceptos, los métodos, las teorías.

Lo que actualmente ha venido a denominarse Economía Feminista tiene una larga historia que se desarrolla casi en paralelo al pensamiento económico. Sin embargo, a pesar del avance importante de la Economía Feminista tanto en el orden teórico como en la construcción de nuevas perspectivas de análisis, conceptos y categorías partiendo de la propia experiencia de las mujeres, la incidencia en el cuerpo central de la teoría económica, es prácticamente nula.

La crítica a la visión androcéntrica de la Economía cuestiona categorías analíticas básicas de la teoría tales como el concepto de trabajo, actividad económica, bienestar o desarrollo. Precisamente  se objeta el concepto de trabajo, como sinónimo de empleo, pues no incluye los trabajos no remunerados. Ampliar el concepto a  todas las actividades destinadas a producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades de las personas, implica centrar el análisis más allá del mercado.

La Economía Feminista abarca todos los aspectos económicos  de discriminación. A nivel microeconómico, el género afecta a los procesos individuales, de los hogares y de las mismas empresas. Se plantea que la unidad doméstica es un lugar de cooperación cuando se trata de contribuir al bienestar familiar y de conflicto en el reparto de los tiempos, en el acceso y control de los activos, en las actividades y en la toma de decisiones sobre las mismas . A nivel meso-económico, el género condiciona el funcionamiento de los mercados laborales, que, tienen oportunidades y condiciones de empleo diferentes y desiguales. La participación laboral de las mujeres se ha dado con menor intervención, segregación ocupacional tanto horizontal como vertical, mayor precariedad y remuneraciones más bajasV. A nivel macroeconómico, especialmente las políticas fiscales, sociales, de tipos de cambio, comerciales, etc., tampoco son neutrales al género.

Un movimiento estratégico que plantea la Economía Feminista es incorporar el género en la manera de entender la economía. Esto significa constituirlo como una variable analítica para estudiar, fundamentalmente  cómo las relaciones de género se generan y alimentan a través del funcionamiento del sistema económico y  que abarca aspectos materiales. En este último aspecto se considera que las injusticias de género superan los problemas de  reconocimiento, y alcanzan cuestiones de distribución económica ya que se trata de injusticias  en el acceso a recursos o en el reparto de trabajo, entre otras.

CEPAL considera que se deben hacer visibles las desigualdades sociales y de género para formular políticas públicas más equitativas para los países de América Latina y el Caribe. Igualmente, demanda marcos analíticos nuevos, que superen los sesgos existentes en los enfoques tradicionales para abarcar la complejidad de estos fenómenos económicos. En el año 2001, un documento sobre Economía y géneroIV dentro del proyecto "Institucionalización del enfoque de género en la CEPAL y ministerios sectoriales" ya planteaba esos objetivos.

COLUMNA DE ECONOMÍA POR LA PROFESORA ALICIA GIACCHERO